A la maldita muerte

Quisiera Dios, que un día, pusieras en mis manos,
tu savia de alfarero y así poder lograr,
sobre la misma muerte formar un cuerpo humano
y luego darle El Soplo, para que empiece a andar.

A sus vacías cuencas las llenaría de cielo
para que viera todo tras un brumoso tul,
y que sus noches fueran estrellas por el suelo
ante el velado sueño del caballero azul.

Pondría ante sus ojos divinas primaveras
para que fuera rama de luz pronta a espigar,
y llenaría su frente febril con las quimeras
de la policromía de un amplio rosedal.

La volvería al Principio de Todos los Principios,
virgen y pecadora, dentro del propio Edén,
y en un espejo de aguas deshojaría sus ripios
por la serpiente puestos para ocultar el bien.

En un festín de Baco, yo haría que las uvas,
sus ramos desgranaran racimos del vergel,
y su excitante cuerpo por las adustas cuevas
perdiera los caminos en extravío cruel.

Haría que grotesca la infame desolante
replegara en sus alas la estirpe de Caín,
y en su beodez creyera, pudiera ser amante,
volviéndose septiembre en invernal sin fin.

Quisiera, también verla sufrir, desesperada,
vencida y de rodillas, sollozante después,
teniendo entre sus manos a la cabeza amada
con nueve lunas muertas deshechas a sus pies.

Entonces, Alfarero, mi anhelo inconsolable,
desearía en mis dedos que la hicieron nacer,
desgajar lentamente su carne vulnerable
y arrancarle los ojos con los que pudo ver.

Después, perdido El Soplo, que vuelva a ser aquella
del cetro de la angustia por su espectral misión,
y advierta que en su cielo no hay una sola estrella
y a su jardín lo aroman flores en desazón.

Quisiera que doblada sobre la tumba amada
se ahogara en esa angustia de no poder llorar,
y rodara en su rostro la lágrima callada,
quemándole los ojos, sin su fuego apagar.

Que sufra los dolores del parto en las desiertas
regiones del paisaje de abrupta oscuridad,
y en el amor que acaba con nueve lunas muertas,
sintiendo lo que siente un alma en soledad.

Audroc
 



Sentimiento


Cuando la luz del sol,
se mezcla refractando su destello en la luna,
se abrazan lentamente y al besarse,
transforman los crepúsculos en noches
y el purpúreo celeste en azabache,
salpicado por libélulas de plata.
Es allí, que en tus ojos visualizo
el universo todo, me elevo en el vuelo
de los sueños y en tu alma me arrobo.
Así...
como el sol deja sus potenciales llamas
en las profundidades de la luna,
he de dejar en ti los fuegos augurales
de cuaresmas de luz, de miel y espumas.
Se abaten los torrentes de mi sangre
por sus canales azules en caricias,
y despiertan temblores ancestrales
del fuego universal en sus primicias.

¡Cáliz de barro y luz...!
¡Amor de sacrificio en Cruz...!
En ti, muero y resucito eternamente
en un perpetuo parto de matriz hambrienta,
formado y transformando en sentimiento.

Si pudieras descubrir el gran misterio
de la existencia humana y la causal razón
del ciclo eterno, comprenderías entonces
la profunda simpleza: "de lo que por ti siento".

Audroc



Lunas de cereza

En vez de estar sentado junto a la mesa,
para escribir los versos que alguien me dicta,
camino por las calles con la tristeza
de perder la palabra con que se expresa
la voz espiritual, dulce, inaudita,
al no poder llegar hasta mi pieza
para cumplir con la divina cita
bajo un candil de lunas de cereza.

Un florecer de rimas en mi cabeza
cuando esa luz mental suave me invita,
y escapo de la tierra con la presteza
de su vibrante astral que me embelesa
hasta el ignoto mundo donde habita,
y sin lograrlo todo lo que confiesa,
siento que suavemente me musita:
Con lápiz y papel... ¡Vamos...! ¡Empieza...!

¿Empieza qué?. Si la palabra presa
se esfuma entre la niebla de la grita,
igual que aquél que en catedrales reza
dejando tras la puerta su pureza
y a un Cristo solitario que medita.
Sin embargo, yo aún busco la belleza,
cuando a mi mente con su rayo incita
la transparencia que hasta mi regresa.

No sé desde que mundo aquella fuerza
su alma a la mía con su amor transita,
y con pálidas manos nunca cesa
de buscar en las mías la promesa
de la palabra que no fuera escrita.
Sólo sé, que hay un aura que me apresa,
sin crujidos de lozas en su cripta
ni aterradores espectros de sorpresa.

No está la mano descarnada y tiesa
en la tremenda rigidez maldita,
ni el cuerpo denunciando la flaqueza
en tétricos colgajos que condensa
la existencia fugaz que me concita.
¡No...!, de ella partió la única riqueza
y en su descenso terrenal me invita
al rito universal con su grandeza.

No sé en que tumba temporal impresa
quedó la fecha del final descripta
y al levantar de allí, me busca obsesa,
solícita y tenaz, cual si posesa
del fuego sideral donde palpita,
por extrañas galaxias atraviesa
para iluminarme su razón bendita
bajo un candil de lunas de cereza.

Audroc
 



Falso adiós

El adiós que nos dimos,
nos robó en las distancias
la pasión de las noches
que iniciaban mañanas.

El adiós que nos dimos
aún golpea en el alma...

¡Ese adiós fue mentira...!
Porque sigues estando,
sin estar, en mi cama...


Audroc



 

 

 

 

 

Tubes Luz Cristina