El sol que doró la uva,
desde el cielo "allá arriba"...
pintó de rubio tu pelo
como dora el trigo de Castilla.
y puso en tus ojos grandes,
el azul de la mar latina.

En el árbol de tu sangre
roble de nueva Castila,
injertaste una palmera
de tu regia simpatía.

Y fueron rezos de aldea
y cantes por alegrías,
lo que entonaban los ángeles
en aquel alba encendida.
Con música de guitarras
y repique de gaitillas

Dios que te puso en la cuna
con "amor" vestida, hizo
el milagro de unir
en tu corazón dos brisas.
La de de tu gran simpatía
y esa bondad que acaricia.

¡Raquel! sé siempre niña!...
bella, entre las más bellas...
suave y dulce,
como una brisa.