Dios
no es lógico. Si lo fuera, sería como nosotros que todo lo amos,
medimos...Pero El, la única medida que tiene es la del Amor. Por
eso no podemos comprenderle, ni mucho menos juzgarle.
Sus parámetros rebasan nuestras ideas que suelen ser raquíticas
y maniáticamente distributivas según lo que "creemos" merece
cada uno, como si pudiéramos medir Las intenciones de los demás.
El Señor actúa a lo Grande, y regala a quien merece y a quien
"aparentemente" no merece, porque su concepción de las personas
es absolutamente distinta y arbitraria a nuestros ojos. ¿Qué
lógica tiene que, tocado por su gracia un malvado, llegue a ser
Santo? ¿O que un fervoroso se enfríe, y cometa fallos para que no se enorgullezca y vea que puede caer como el primero, y lleno
de humildad, reconozca que si Dios no lo sostuviera no hubiera
una Buena acción en su vida?. Porque tendemos a pensar que
cuando somos algo decentes, se debe a nuestros méritos y
esfuerzos. ¡Ingenuos de nosotros.! Todo bien viene de nuestro
Padre y, si pone una piedra en nuestro camino, no dudemos de que
en ese momento era lo que nos convenía.
La dureza del corazón humano no puede ablandarse si no es con La
gracia del Señor y nuestro deseo de una renovación interior, que
puede llevarnos toda la vida y conseguir solo escasos resultados,
pero yo creo que no debemos enfadarnos con nosotros mismos, y
menos despreciarnos, pues somos una obra de Dios y, si El nos
acepta y, más aún, nos ama como somos, ¿quienes somos nosotros
para desmerecernos y anularnos?
Soberbia nunca; pero alegría sí de sabernos cogidos con nuestras
contingencias y fallos, porque nuestra pobreza es la riqueza del
Señor, que no cesa de atendernos aunque no nos demos cuenta por
la propia cortedad de miras e incapacidad de reconocer la
presencia de Altísimo en toda vida humana.
Es cierto que a veces la vida pesa y que, a la vez, no deseamos
morir. La contradicción preside la monótona vida diaria. Pero en
lo más hondo del alma hay siempre una luz misteriosa, pero
potente, que nos mantiene y nos hace resurgir con energías
renovadas diariamente, porque sabemos que tenemos una meta
eterna, y, cayendo y Levantándonos, esperamos en Dios, cuya
"lógica" es siempre la del amor.
Maica
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