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Tú
puedes arreglar el
mundo, tú también, y
tú... tú sólo, desde
luego, ¡no! pero no
vengas con el truco de
"como yo no voy a poder
arreglarlo todo, pues no
hago nada". Este es un
pretexto que puede
tranquilizar a vagos, o
a algunos que no sean
inteligentes. (Sálvese
quien pueda).
Tú querido amigo/a,
puedes arreglar, dentro
de tus posibilidades,
"tu
cachito" de mundo. Y
esto, ya sería bastante.
Si todos hiciéramos lo
que tú vas a hacer, el
mundo estaría mejor.
Esta comprensión, esa
delicadeza, ese rasgo de
confianza, ese diálogo, esos minutos de
saber escuchar, ese
amor, una palabra
amable,
de lo que tanta hambre
tiene "el otro", puede
encontrarlo en ti. ¡Créeme! tú puedes arreglar
el mundo, ¡sí! tu
"cachito de mundo".
Tú puedes hacer que haya
otra persona magnífica
en el mundo: tú
mismo.
Tú puedes conseguir que
hoy sean felices algunas
personas con las
que vas a tratar; puedes
hacer con tu aptitud en
tu casa, que todos sean
"mejores", que en
definitiva, se pueda
vivir en ella.
Tú puedes hacer, con tu
oración y tus
sacrificios de hoy, de
mañana,
de cada día... que
alguien se salve, o que
reciban de Dios más
gracia, que
indudablemente le
llegará, porque tú has
hecho que se la merezca.
Tú puedes hacer con tu
buen ejemplo, que los
que te vean, crean
que el cristianismo, y
el buen hacer de la
gente, es algo que
merece
la pena "vivirlo".
Concretando: como te
decía al principio, tú
puedes arreglar el mundo
y parte del otro. si te
lo propones.
¿Te parece poco?...
¡Adelante pues!, con tu
"cachito de mundo".


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