Queridos amigos/as:
Quiero contaros la forma de sentirme en mi casa cuando estoy sola, que es (casi siempre)...
Me siento como en una urna de cristal, donde a través de él, veo las cosas bellas
que hay en ella.
Ante todo os diré que respiro paz...tranquilidad...sosiego...bienestar.
Palpo y siento esta sensación cada minuto del día, de la noche...
Hay silencio...soledad...intimidad...
pero ante todo, hay "entendimiento".
Vosotros/as diréis: ¿con quién...si estás sola?...
No se trata de tener compañía física, sino moral, espiritual, íntima...
Siento a Dios cerca de mí. Con El, dialogo, pregunto, consulto y le pido ayuda cuando la necesito.
Y hay respuesta ¡creerme!...
La ayuda viene inmediatamente de El, por eso soy feliz.
Me acompaña, me protege, me guía, me inspira y me dice lo que debo hacer en cada
momento, para sentirme contenta y para que El, lo esté también.
Cuando por la mañana, abro los ojos a un nuevo día, le saludo y le digo:
¡Hola Dios! ¡Gracias por este nuevo despertar que me regalas!...
Y ya empieza el diálogo.
Qué tal pasaré hoy el día?...Y El me responde muy "rapidito", ¡bien!
No te aflijas, estaremos juntos un día más.
Entonces me siento tranquila, ¡feliz! porque sé que El, ¡no me fallará!...y como en un "susurro", musito bajito...¡OH Dios!
¡Qué linda madrugada, que traes en el aire limpio y puro, rosas perfumadas!...
¡Dadme vuestro aroma y envolved mi alma!...
¡Despierta estoy para sentiros!...
Sé que vienes a mí, con el deseo de abrazarme en mi lecho.
Así, como el despertar de un largo olvido, o como la llegada del invierno.
¡Te siento!...
Yo te recibo y llena de ilusiones, voy hacia tu pecho, con mi corazón "abierto".
Escucho que estás junto a mí, para darme ¡aliento!
Siento que lo que pudo ser un sueño en la noche, se ha convertido en realidad.
¡Estás ahí, para darme un alba de jardines.
¡Abre tus flores y embriágame para mi deseo!
¡Te amé y te amo desde el fondo de mi ser!...
¡Muy adentro!...

Maica