Existe un cielo que la sociedad y nosotros mismos nos creamos. Es ese paraíso de las seguridades culturales, donde "lo nuestro es lo auténtico y único". Nuestro entorno familiar, por ejemplo donde los otros son justamente eso, "otros". Son construcciones de un cielo hecho a nuestra medida que nacen de una visión parcial de la realidad y que se reducen a un YO egoísta, que no consigue ver más allá de sí mismo. El mundo, mi mundo, nuestro mundo termina en el confín de las costas donde PATERAS, con restos de Humanidad, se atropellan las unas a las otras en un rincón del metro o en una callejuela de cualquier barrio, incluso del nuestro, donde a veces brotan sonidos de nostalgia por la tierra y la gente abandonada.
¡Sí! Existe un cielo que se encierra en sí mismo, se cierra a los gritos desesperados de la Humanidad que sufre y que simplemente pide hermandad. ó "humanismo" que es lo mismo.
Lo que se vive en algunos países subdesarrollados, rompe en mí, o a mi juicio, los límites de este "falso cielo".
Me enriquece en la medida en que me vacía. Yo creo que existe un cielo inmenso y abierto donde cabe todo, sin límites y sin exclusiones, donde el YO , no se entiende sin el TU, y donde el OTRO es la imagen, tantas veces desfigurada del PADRE.
Pensemos un momento que la pobreza que cada día respiramos, la polución que continuamente masticamos, es inicio de este camino, y que este proceso en suma, que tenemos que recorrer juntos de la mano, al unísono, se haga de una vez por todas.
Construir "ese cielo", es cosa de todos, y debemos poner nuestro "granito de arena" cada uno, para que quepamos todos de verdad. ¿Vale?...