Donde estés , mujer, creo que es justo que te enteres de que no hay futuro para tu vida, de que no hay esperanza para tu horizonte, de que no hay camino, ni fuentes, ni mañanas, mientras haya quienes sigan robando lo que eres y lo escondan, no sin antes llamar a tu humillación: religión, a tu exclusión: cultura, a tu cosificación: tradición y a tu muerte: silencio.
Mujer, no habrá estrellas polares mientras no seamos capaces de resquebrajar todas y cada una de las lamentables concepciones en virtud de las cuales, eres alguien "sin derechos".
Te tiene que quedar claro, que eres, ante todo, un ser humano y esto es suficiente para que goces de todos los derechos posibles. Me ruboriza tener a estas alturas que defender tu esencia como persona, tener que reclamar algo tan absolutamente evidente a mi parecer como son tus derechos humanos. Todavía hay quienes en nuestro mundo, tanto en el cercano, como en el lejano, viven pensando en la reclusión de tu "libertad", en la marginación de tu voz, en la explotación de tu cuerpo y en la condena de tu futuro.
Hoy todavía en todas las partes del mundo, eres maltratada físicamente y asesinada porque hay quienes creen que, por el mero hecho de ser mujer, les perteneces y pueden disponer de tu vida libremente.
Eres excluida y marginada, sin capacidad para participar, no ya sólo en las decisiones de la sociedad, sino incluso en las que afectan directamente a tu vida privada, como es la vida de relación de pareja, en tu propio hogar.
¡No hay derecho!, y creo que ¡basta ya!.
La raíz del mal es profunda, pero no por ello, debemos callar, pues no podemos admitir ni una sola discriminación más, que nos lleve a no poder ejercer el derecho que tenemos a la educación, siendo recluidas al hogar y la mayoría de las veces con la única misión de vivir en silencio y servir sumisamente a un marido o compañero, que en numerosas ocasiones ni siquiera hemos elegido.
Y esto te pasa, de una manera u otra, en muchos ámbitos de la vida. Ya sea en un despacho, o en lo más recóndito de la selva africana. ¡No mujer!
No podemos admitir ni una sola tradición cultural que ataque directamente a la igualdad de todos los seres humanos, no podemos ni debemos admitir ni una sola tradición que elimine la libertad de unos seres sobre la de otros, no podemos permitir ni una sola religión que humille a la mujer y atente directamente contra sus derechos, absolutamente inalienables. Todos, hombres y mujeres, somos iguales, tenemos los mismos derechos y por coherencia cristiana, por tanto humana, debemos esforzarnos duramente para alcanzar en la sociedad, esa igualdad. Por ello, es imprescindible una revolución cultural que llegue a todos los rincones del mundo y que transforme las actuales condiciones. Una revolución que de voz a tantas y tantas mujeres que en el mundo ya se están rebelando contra su situación, una rebelión en fin , que implique a los gobiernos con legislaciones que protejan a las mujeres de las agresiones que sufren.
Con todo esto quiero decir que son miles de años de humillación y sufrimiento.
Donde estés, mujer, es preciso que por fin y para siempre, sepas lo que es la "libertad". ¡Animo!.