Sé que todo esto es algo que nunca ocurrirá. Pero podría haber ocurrido; o podría ocurrir en un imposible.
Estamos en un mundo en el que la palabra paz es la que más sale de todo tipo de bocas, sin distinción, y cada cual la interpreta a su estilo, arrimando la brasa a su propia sardina: el terrorista habla de pacificación, el talibán la defiende con uñas y dientes, el provocador y mendaz la vocea..., y el pacífico intenta vivirla sin grandes esperanzas en sus posibilidades, visto todo lo que le rodea. Y es que dicha palabra, ha perdido ya casi todo lo bueno que tenía en su definición y en su práctica.
La verdad es que, a pesar de esos "buenos deseos de paz", uno de los negocios más rentables al día de hoy es la venta de armas de unos países a otros-siempre por motivos de defensa, faltaría más; pero entonces, ¿quién es el que ataca?-, y el fortalecimiento en muchos países del ejército. Y raro, muy raro-, ¿Costa Rica sólo...?-es el país que no tiene su ejército. Y hasta es lógico, tal como somos los humanos, tendentes con frecuencia a apoderarnos de lo de los demás, a ser más ricos cada día, un poco al estilo del ejemplo que el profeta Natán expone a David después de su pecado: yo tengo muchos rebaños
de ovejas y carneros; pero no seré feliz hasta que no tenga también tu única oveja...Pongo este ejemplo para mantener el símil.
Acabamos de celebrar la Navidad cristiana, la que nos recuerda una vez más y casi a gritos que Jesús ha nacido para nosotros, en un lugar abandonado de todos, pobre, necesitado, humilde, de una virgen que aceptó de grado ese deseo de Dios de encarnarse. Jesús nace para dar vida, para reparar precisamente ese egoísmo exarcebado de los humanos que no quieren ver más allá de sus narices. Y aquí es donde viene eso que decía al principio de que "no ocurrirá nunca, aunque podría ocurrir o haber ocurrido". Navidad representa la vida. Y los humanos hemos de reconocer que tenemos mil métodos para quitarla. Asesinatos, venganzas, guerras.., donde los más pobres y necesitados, los inocentes, son los peor tratados,
despojados de lo poco que tienen, destruidos. Entre ese grupo de inocentes hay uno enorme, cuyo número nadie sabría decir, pero en la mente de todos está con muchos ceros, que es el aborto; no la interrupción voluntaria del embarazo, sino el aborto; no el impedir una vida porque "no convenía ahora" (sea el motivo que fuere), sino el asesinato; no un homicidio, sino un crimen porque es premeditado. Por lo tanto, con agravantes, aunque las leyes lo suavicen con los plazos y posibles estados de malestar maternos. Desde un plano legal que defiende que quien mata y es convicto pague las consecuencias, ¿habría cárceles suficientes para condenar a ellas a todos los que intervienen voluntariamente en el aborto, que son todos los que lo practican y lo consienten?...
En esta especie de imposibles, se me ocurre, hablando de nuevo de los ejércitos, pensar cómo sería de grande el ejército de los no nacidos, de los abortados, que se presente a exigir sus derechos a la vida a quienes se los quitaron. ¿De qué lado se pondría la justicia humana (legisladores y ejecutores de esas leyes), si ese innumerable ejército de los no nacidos marchase contra ellos?.
¿Habría cambios de chaqueta?... Es lo más probable.
Y siguiendo en el terreno de los imposibles, ¿qué ocurriría si ese ejército fuese comandado por el Dios bíblico de las venganzas, el ser más ofendido en cada uno de esos asesinatos al no dejarles nacer, cuando El les había dado la vida y un alma, y les había hecho a su imagen y semejanza?. Porque ese crimen no va sólo contra el no nacido; va también contra quien le dio, le prestó, vida y perfección. Va contra Dios.
Hay no obstante, algo que no podría ocurrir nunca. Quien da todo tipo de vida, el Creador, el Redentor posterior en nuestra historia, el Buen Pastor, se define a sí mismo como rico en misericordia, que que no ha venido a condenar, sino a salvar a su rebaño. Y ese rebaño lo formamos todos sin distinción alguna. El perdona hasta setenta veces siete...
La Navidad es la celebración del Nacimiento del Señor, que viene a ser uno con nosotros, a devolvernos la amistad del Padre. Dios viene a nosotros, y eso siempre será motivo de alegría. Los no nacidos nunca la han celebrado.
No se les dio tiempo ni lugar, Pero ellos, si no nacidos para el mundo, sí lo han hecho para Dios.
Para ello, para todo ser de buena Voluntad, "Paz", la de verdad.



Maica