Decir que el "apego corrompe" significa que bajo la abrumante urgencia afectiva somos capaces de atentar contra la propia dignidad personal.
En estos momentos apremiantes, ni la moral ni los valores más apreciados parecerían ser suficientes para contener el alud. Todo vuela por los aires. Vendemos todo lo que no está en venta, negociamos con el respeto y los arrastramos más allá de lo imaginable con tal de conseguir la dosis afectiva que necesitamos.
La ética, siempre incluye autoestima. La moral implica no hacer a los otros, lo que no me gustaría que me hicieran, o desear a los otros, lo que anhelo para mí."Ama a tu prójimo como a ti mismo", lo dice todo. Es decir, de una u otra manera, siempre estoy incluido. Si no me quiero a mí mismo, no puedo amar ni respetar a los otros.
"En la infancia, el niño vive el mundo con la posibilidad de convertirse en un ser capaz de aceptar y respetar al otro desde la aceptación y el respeto de sí mismo.
Y si el niño no puede aceptarse y respetarse a sí mismo, no puede aceptar ni respetar al otro desde la aceptación y el respeto de sí mismo, no puede aceptar ni respetar al otro. Temerá, envidiará o despreciará al otro, pero no lo aceptará; y sin aceptación ni respeto por el otro como un legítimo otro en la convivencia, no hay fenómeno social.

El principio del autorrespeto y la dignidad intenta definir los límites de la soberanía personal.
El reducto último, donde los principios y los valores me definen como humano.
Lo que no es negociable. Cuando esos puntos están claros, nos volvemos invencibles porque sabemos cuando pelear y cuando no.

Maica