Quizás penséis que soy una empedernida "romántica", sensiblera, mística, soñadora, etc., etc. ...
¡Qué sé yo! pensad lo que queráis, a lo mejor tenéis razón, pero lo que os puedo decir sinceramente, porque así lo siento, es que me entusiasmo contemplando una puesta de sol por ejemplo: ¡Qué maravilla!... No sé qué puede tener un atardecer, pero me encanta verlo.
Me llena de melancolía y a la vez de una paz interior, que no logro sentir ni experimentar en ninguna parte ni en otra hora del día.
Parece que el alma se hace un ovillo de sí misma, se recoge y medita.
Quizás sea porque en el interior, todo nos invita a concentrarnos mejor. El "atardecer", es la hora de las confidencias, de la intimidad del tú a tú... (al menos para mí).
¡Atardecer!... una paz deliciosa envuelve el paisaje, paz en ese rojizo de indefinido color, que muere dulcemente tras la montaña. ¡Maravilloso cuadro para contemplarlo, sea el que fuere el lugar donde te encuentres y con quien estés!...
No hay cosa más maravillosa y que se palpe más al CREADOR. ¿No te parece a tí igual?...
Paz también en el bíblico sonar de las esquilas de los rebaños en el campo, vuelven cansinos a la majada. Paz en el eco lejano de la campana de la iglesia que invita al rezo del ÁNGELUS. Paz en el humo denso que asciende sobre los tejados.
El alma se contagia con la paz paradisíaca del ambiente recogido y medita, aunque no quiera. ¡También es la hora de Dios!.
El "atardecer" es la hora mística de la noticia reservada, del secreto privado. Por eso, creo que se medita mejor en el Otoño de la vida, hora melancólica de "atardecer", sin sol de ilusiones juveniles, sin el alboroto de las pasiones, sin tanto ruido, ni el grito y color de las flores que lo impida.
¡Atardecer!... el sol poniéndose va. Me gusta, pero a la vez, me pone triste, me hace pensar... a lo mejor en algo que no deseo.
¿No os sucede a vosotros lo mismo?... "El", como gigante campana, está haciendo sonar su última hora de luz en ese melancólico pero bonito "atardecer"... ¿y yo?...
El sol se hundió ya en el Poniente, como mariposas pluricolores, las nubes se colorean con los últimos destellos.
El sol cumplió su fin , iluminó, irradió calor y alegría. Y como él, lo hicieron las ovejas, que tornan balando a la tenada, los pajarillos buscaron sus nidos y escondieron sus trinos, y la campana que suena evocadora a lo lejos, invitando a la oración y al recogimiento. Y los senderos... todo... ¿y yo?...
El "atardecer" me hace pensar quizá más de la cuenta, ¡sí! pero me
gusta.


 







 








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