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Frente
a la
soledad
siempre
ha
habido
posiciones
enfrentadas.
Los
filósofos
y
los
maestros
espirituales
la
han
definido
a
capa
y
espada,
como
una
oportunidad
para
fomentar
el
autoconocimiento.
Por
ejemplo:
Cicerón
decía:
"Nunca
he
estado
menos
sólo
que
cuando
estoy
solo".
Por
su
parte,
los
poetas
y
enamorados
han
hecho
una
apología
de
la
adhesión
afectiva,
y
han
señalado
que
no
hay
nada
mejor
que
estar
encadenado
a un
corazón.
En
palabras
de
Machado:
Poned
atención:
Un
corazón
solitario
no
es
un
corazón
El
gran
poeta
español
posiblemente
no
hubiera
pasado
un
test
de
dependencia.
Para
la
psicología
clínica,
la
soledad
tiene
una
faceta
buena
y
una
mala.
Cuando
es
producto
de
la
elección
voluntaria,
es
saludable
y
ayuda
a
limpiar
la
mente.
Pero
si
es
obligada,
puede
aniquilar
todo
vestigio
de
humanidad
rescatable.
La
soledad
impuesta
es
desolación,
la
elegida
es
liberación.
No
es
lo
mismo
estar
socialmente
aislado
que
estar
afectivamente
aislado.
De
las
dos,
la
segunda,
es
decir:
la
carencia
afectiva,
es
la
que
más
duele. Esa
es
la
que
abre
huecos
en
el
alma
y la
que
nos
despoja
de
toda
motivación.
Aunque
ambas
formas
de
aislamiento
generan
depresión,
la
soledad
del
desamor
es
la
madre
de
todo
apego.
El
principio
de
la
autonomía
lleva,
irremediablemente,
al
tema
de
la
soledad.
La
persona
que
se
hace
cargo
de
sí
misma
no
requiere
de
nodriza
ni
guardianes
porque
no
le
teme
a la
soledad,
la
busca.
En
cambio,
para
un
adicto
afectivo
el
peor
castigo
es
el
alejamiento.
Como
un
monstruo
de
mil
cabezas,
el
destierro
físico,
psicológico
o
afectivo
se
va
acoplando
al
déficit
de
la
víctima.
Por
ejemplo:
los
que
sufren
de
vulnerabilidad
al
daño,
la
soledad
es
desamparo;
para
los
que
necesitan
estabilidad,
es
abandono;
para
los
que
carecen
de
autoestima,
es
desamor. Sin
llegar
a
ser
ermitaño,
la
soledad
trae
varias
ventajas.
Desde
el
punto
de
vista
psicológico-cognitivo
(mental),
favorece
la
autoobservación
y es
una
oportunidad
para
conocerse
a
uno
mismo.
Es
en
el
silencio
cuando
contactamos
con
lo
que
verdaderamente
somos.
Desde
el
punto
de
vista
psicológico emocional,
posibilita
que
los
métodos
de
relajación
y
meditación
aumenten
su
eficacia.
Cuando
no
hay
moros
en
la
costa,
el
organismo
se
siente
más
seguro
y
concentrado:
no
hay
necesidad
de
aprobación,
ni
competencia,
ni
críticas
a la
vista.
Desde
el
punto
de
vista
psicológico-comportamental,
nos
induce
a
soltar
los
botones,
a
enfrentar
los
imponderables
y a
lanzarnos
al
mundo.
No
es
imprescindible
tener
compañía
afectiva
para
desempeñarse
socialmente.
Abrazar
la
soledad
no
significa
que
debas
incomunicarte
y
aislarte
de
tu
pareja
por
ejemplo:
Las
soledades
de
cada
uno
pueden
interconectarse.
Entre
dos
personas
que
se
aman,
el
silencio
habla
hasta
por
los
codos.
Tu
pareja
puede
estar
leyendo,
mientras
tú
arreglas
el
jardín
, o
viceversa.
Cada
uno
en
lo
suyo.
Aparentemente
no
se
están
comunicando,
no
se
hablan,
no
se
miran,
no
se
huelen,
no
se
tocan.
Pero
no
es
así.
Hay
un
intercambio
vivo,
una
presencia
compartida
donde
ambas
soledades
se
juntan
y se
envuelven
la
una
en
la
otra.
Rilke
lo
expresaba
bellamente:
El
amor
consiste
en
esto:
que
dos
soledades
se
protegen
se
tocan
mutuamente
y se
saludan.
De
eso
se
trata
el
respeto
a la
intimidad.
Amar
de
puntillas
para
que
no
haya
sobresaltos
y
encontrarse
en
los
pasillos.
Respirar
el
mismos
aire
sin
contaminarlo,
y
compartir
el
amor
sin
hacerlo
explícito.
Resumiendo
:
Splager
resume
muy
bien
la
idea
central
de
amar
en
soledad
y
aún
así
seguir
amando;
"No
todos
saben
estar
solos
con
otros,
compartir
la
soledad,
para
poder
relacionarnos
sin
aferrarnos
el
uno
al
otro.
Podemos
ser
independientes
sin
ser
dependientes.
La
nostalgia
del
solitario
es
la
dependencia
rechazada.
La
soledad
es
la
interdependencia
compartida".
Difícil
quizá,
pero
¡hermoso!
¿verdad?...
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